Sombras del Hades

Cartografía

Mapa del Inframundo

Ningún autor antiguo dibujó un plano del Hades, y quienes lo describieron no se ponen de acuerdo: Homero lo sitúa más allá del Océano, Hesíodo cava el Tártaro bajo la tierra, Platón hace circular sus ríos por el interior del mundo y Virgilio lo ordena como un recorrido. Este esquema reúne esas versiones y aclara de dónde viene cada dato.

Tocá un río o una región del esquema para leer qué cuentan de ellos las fuentes antiguas.

Las puertas Estigia Aqueronte Érebo El palacio de Hades y Perséfone La pradera de asfódelos Elíseo Leteo Cocito Tártaro Flegetonte o Piriflegetonte

Los cinco ríos

Estigia («La odiada», del verbo griego que significa aborrecer)
Para Hesíodo es la hija mayor del Océano, que vive apartada en una casa techada de rocas y sostenida por columnas de plata. Los dioses juran por su agua, que Iris trae en una jarra de oro, y el que jura en falso queda un año sin aliento y nueve años lejos de sus banquetes. Heródoto y Pausanias la identifican con una cascada de Arcadia, cerca de Nonacris.
Aqueronte (Los antiguos lo relacionaban con ákhos, «pena»)
En la Odisea, Circe lo nombra como el río en el que desembocan el Piriflegetonte y el Cocito, junto a una roca. También existe en la tierra: un río del Epiro, en Tesprotia, junto al cual Heródoto sitúa un oráculo de los muertos donde el tirano Periandro consultó a su esposa difunta. Autores posteriores hacen que Caronte cruce las almas por sus aguas o por su laguna.
Leteo («Olvido»)
Homero no lo menciona. Platón, en el mito de Er de la República, habla de la llanura del Olvido y del río Ameles, «el Despreocupado», cuya agua beben las almas antes de volver a nacer. Virgilio retoma la idea en la Eneida. Algunas laminillas de oro órficas aconsejan lo contrario: evitar la primera fuente y beber del lago de la Memoria.
Cocito («Lamento», del verbo que significa gemir por un muerto)
En la Odisea es un brazo de la Estigia que cae en el Aqueronte. En el Fedón, Platón lo hace correr por una región salvaje y sombría, llamada estigia, antes de hundirse en el Tártaro frente al Piriflegetonte. Mucho después, Dante lo convertiría en el lago helado del fondo de su infierno, pero esa imagen ya no es antigua.
Flegetonte o Piriflegetonte («El que arde», «el que llamea con fuego»)
Homero lo nombra junto al Cocito. Platón, en el Fedón, lo describe como una corriente que atraviesa una región ardiente y forma un lago mayor que nuestro mar, hirviendo de agua y de barro; de él brotan los ríos de lava que se ven en la tierra. En Virgilio rodea el Tártaro con un torrente de llamas que arrastra rocas.

Las regiones

Las puertas
No hay una sola entrada. Odiseo llega en nave al borde del Océano, al país de los cimerios, envuelto en niebla y nubes, donde el sol nunca brilla. Otras tradiciones señalan cavernas reales: el cabo Ténaro, en el sur del Peloponeso, por donde Heracles sacó a Cerbero, o el lago Averno, cerca de Cumas, por donde baja Eneas. Cada región quiso tener su puerta.
Érebo
En la Teogonía nace del Caos junto con la Noche: es la oscuridad misma, antes de ser un lugar. En la Odisea designa la zona sombría de donde suben las almas cuando Odiseo derrama la sangre, y hacia donde se vuelven las cabezas de las víctimas en el rito. Es la franja de paso entre la luz de los vivos y la casa de Hades.
La pradera de asfódelos
Es donde vagan la mayoría de las almas en la Odisea: por ella se aleja a grandes pasos la sombra de Aquiles y a ella llegan los pretendientes guiados por Hermes. El asfódelo es una planta real del Mediterráneo, de flores pálidas sobre tallos altos. No es lugar de castigo ni de premio, sino de una existencia sin fuerza, la que hace decir a Aquiles que preferiría ser jornalero entre los vivos.
Elíseo
En la Odisea no está bajo tierra: Proteo le anuncia a Menelao que no morirá, sino que será llevado a la llanura Elisia, en los confines del mundo, donde vive Radamantis y no hay nieve ni tormentas, solo la brisa del Céfiro. Hesíodo y Píndaro hablan de las Islas de los Bienaventurados. Virgilio es quien lo instala dentro del inframundo, como morada luminosa de los justos.
Tártaro
Hesíodo lo mide con una imagen: un yunque de bronce tardaría nueve días y nueve noches en caer del cielo a la tierra, y otros tantos de la tierra al Tártaro. Allí están encerrados los Titanes, tras puertas de bronce que vigilan los Centimanos. Con el tiempo se volvió el lugar de los grandes castigados, como Sísifo, Tántalo o Ticio, a quienes la Odisea ubica simplemente en el Hades.
El palacio de Hades y Perséfone
Hesíodo describe las salas resonantes del poderoso Hades y de la temible Perséfone, con un perro terrible que vigila la entrada: a los que llegan los recibe moviendo la cola y las orejas, pero no deja salir a nadie, y devora al que intenta escapar. Es el centro del reino, la casa adonde todos los caminos de los muertos terminan llevando.

Quienes habitan abajo

Hades

Señor de los muertos

Hermano de Zeus y de Poseidón. En la Ilíada, Poseidón recuerda que los tres se sortearon el mundo: a Zeus le tocó el cielo, a él el mar y a Hades la tiniebla brumosa. Los griegos preferían llamarlo con eufemismos, como Plutón, «el rico», y tenía un casco que volvía invisible a quien lo usara.

Perséfone

Reina del inframundo

Hija de Deméter y de Zeus, raptada por Hades mientras recogía flores. Según el Himno homérico a Deméter, comió una semilla de granada en el reino de los muertos y por eso debe pasar allí una parte del año. En la Odisea es ella quien gobierna las almas y concede a Tiresias conservar la razón.

Caronte

Barquero de las almas

No aparece en Homero. Eurípides lo hace esperar con su barca en la Alcestis, y Aristófanes, en Las ranas, le pone un precio al viaje: dos óbolos. La costumbre de dejar una moneda con el difunto se conoce como el óbolo de Caronte. Pausanias lo describe en una pintura de Polignoto en Delfos.

Cerbero

Guardián de la puerta

Hesíodo lo hace hijo de Tifón y Equidna, con voz de bronce y cincuenta cabezas; los autores posteriores le dejaron tres. Homero lo llama solo «el perro de Hades». Recibe con mansedumbre a los que entran y no deja salir a nadie. Heracles lo sacó a la luz en el último de sus trabajos.

Hermes psicopompo

Guía de las almas

En el canto 24 de la Odisea conduce con su vara de oro las almas de los pretendientes, que lo siguen chillando como murciélagos, hasta la pradera de asfódelos. En el Himno homérico a Deméter es él quien baja a buscar a Perséfone para devolverla a su madre.

Los jueces

Minos, Radamantis y Éaco

Odiseo ve a Minos en el Hades, con su cetro de oro, dictando sentencias a los muertos. En el Gorgias, Platón reparte el trabajo: Radamantis juzga a los que llegan de Asia, Éaco a los de Europa, y Minos decide los casos dudosos.

Hécate

La de las antorchas

En el Himno homérico a Deméter es la única, junto con el Sol, que oye desde su cueva el grito de Perséfone raptada, y después se convierte en su compañera y servidora. Diosa de las encrucijadas y de la noche, se la representaba con antorchas, y más tarde con tres cuerpos.

Tánatos

La muerte en persona

Hijo de la Noche según Hesíodo, que le atribuye un corazón de hierro; la Ilíada lo hace gemelo de Hipnos, el Sueño. En la Alcestis de Eurípides llega a buscar a la reina, y Heracles lo enfrenta cuerpo a cuerpo junto a la tumba para arrebatarle a la muerta.